viernes, 14 de septiembre de 2012

Ultra Trail du Mont Blanc - UTMB 2012




   
Antecedentes
En los meses posteriores a mi primer Cruce de los Andes (febrero 2010) comencé a pensar en un objetivo algo más desafiante…
Apareció el UTMB como la carrera de trail más difícil de Europa:
-          168 km
-          +9800m desnivel acumulado
-          46 horas tiempo máximo, con 11 cortes intermedios (si no llegás a una determinada hora, quedás afuera).
-          Para inscribirse es necesario sumar 5 puntos en 2 carreras clasificatorias en los últimos 2 años
-          Cupo de 2300. Se inscriben 10000

En mayo 2010 tomo la decisión de participar. El plan para las carreras clasificatorias es volver a hacer el Cruce (1 punto) en febrero 2011, y La Misión (4 puntos) en diciembre 2011. Durante 2011, intercambiando mails con Sergio Moya me habla de Yerba Buena-Tafi del Valle. Una carrera en Tucumán de 80 km y +4000 m de desnivel acumulado. Suma 3 puntos para el UTMB.



El Sorteo
Llego a enero con 9 puntos (¡cuatro más que los necesarios!) El Cruce 2010 dio 2 puntos. Me inscribo y a rezar.  El 20 de enero ingreso a la página donde se publicarían los resultados: empiezo a bajar por la lista de los Argentinos: rechazado, rechazado, a pagar, rechazado, rechazado. Mmmm, viene muy mal. Llego a mi nombre… ¡A pagar! ¡Entré!

La Preparación
Luego de haber hecho La Misión en diciembre, decidí que encarar el UTMB sin un plan de entrenamiento personalizado sería un gran error. En la Misión hice 70 horas para los 160 km. ¡¡El UTMB exige ser terminado en 46!!

De varias alternativas, opté por la recomendada por Steve: Ironteam. La ventaja más importante era la ubicación, en Pilar. Además de la buena onda y profesionalismo de Hugo Bressani, el profe.

Luego de 9 meses concluyo que fue fundamental esta decisión. No sólo por el plan, sino por haber aprendido muchísimo del arte de correr en este tiempo. Por otro lado, el análisis profesional de la pisada, plantillas resultantes y zapatillas adecuadas, conformaron una base extremadamente sólida para encarar el desafío y evitar lesiones.

Aunque la carga del entrenamiento hizo que a los 5 meses aparecieran avisos del cuerpo. Aparte de la tendinosis en el tendón de Aquiles derecho que vengo sufriendo desde noviembre 2011, aparecieron contracturas en ambos gemelos y en tibial anterior izquierdo. Tuve que bajar el volumen en el último mes debido a ellas.

La tendinosis merece un párrafo especial. Al ser diagnosticada en marzo 2012, motivó que el deportólogo me indicara no correr el UTMB. El riesgo: que se cortara durante la competencia…

Los días previos en Chamonix
Llegué al pueblo el martes a eso de las 23:00 hs. El miércoles por la mañana nos encontramos con los los argentinos inscriptos y salimos a dar un trotrecito suave por Chamonix. Muy lindo!
El día, espectacular.
A la noche, comienzan los pronósticos de lluvia y mal tiempo para el viernes.
El jueves, encuentro con mis viejos. Ya se van concretando los rumores respecto a las malas condiciones climáticas. Llueve en Chamonix, y tormentas en las altas cumbres en Italia y Suiza. Consecuencia de ello fueron los cambios en el recorrido y acortamiento de la carrera.


Encuentro con los amigos de Alcatel Francia del Zeteam y con Bernardo, con quien coincidimos en el hotel.




La carrera
Finalmente, lo que parecía un acortamiento en el trazado original, convirtiendo a una de las carreras de ultra-trail más difíciles de Europa en una más del montón, resultó ser una experiencia inolvidable.

Mi reloj marcó casi 110 km y 23 horas de carrera non-stop. Largamos unos 2500 corredores a las 7 de la tarde. Llovía sin parar. Temperatura, alrededor de 10 °C.

Todo el pueblo de Chamonix, Francia, en las calles alentando a medida que pasábamos: “Allez-allez”, “Bravo” fueron dos expresiones que se repitieron en cada entrada a los pueblos de la región y que guardaré siempre en mi memoria. Es impresionante la energía que te inyectan.

Luego de dos horas, la noche era total. Todo el mundo con sus linternas prendidas intentando ver dónde se ponía cada pié. Seguía lloviendo sin parar, la neblina era bien espesa y la temperatura ya había bajado unos cuantos grados.

Comenzó la primera subida importante. El ascenso fue tan empinado y rápido que no me permitió anticiparme al extremo frío que cayó sobre nosotros. Plena noche, lluvia que se había transformado en nieve, temperatura bajo cero, y el camino embarrado y muy peligroso para las lesiones.

Sentí un frío intenso en las manos e inmediatamente me puse dos guantes en cada una. El primero para dar calor, el segundo impermeable. Aquí fue mi primera gran preocupación, de las dos que tendría a lo largo de la aventura. El frio en las manos no se reducía, sino todo lo contrario. Sentía dolor y casi no podía mover los dedos. Comencé una serie de movimientos de apertura y cierre de las manos para lograr estimular la circulación. No mejoraba.

Ya no podía tomar los bastones. Todo esto mientras seguía nevando, el camino a ambos costados con una capa de diez centímetros de nieve, y cuidando muchísimo dónde poner cada pié. Entendí por primera vez a los que abandonan en este tipo de situaciones (de hecho informaron que durante la noche hubo poco más de 300 abandonos). Sentí pánico que efectivamente se congelaran los dedos, ya que eso no tiene vuelta atrás. Todo el resto del cuerpo venía muy bien. Seguí con los movimientos hasta que en un punto el proceso de enfriamiento se revirtió y al fin el calor comenzó a retornar a ambas manos!

Correr con estas condiciones fue muy duro. Lo peor que enfrenté hasta ahora. No veía el momento de que se hiciera de día, para que el sol aunque filtrado por las espesas nubes, levantara unos grados la lectura del termómetro.


Y finalmente sucedió! A las 7 de la mañana ya no era todo oscuro y saboreé esos rayos filtrados de sol. 

Así como me relamí en cada una de las paradas de reabastecimiento (unas 6) en donde daban bebidas, pan, galletitas, chocolate, barritas, queso, fiambres, y lo que más consumí: el caldo con fideos salado y caliente. 

Esta reposición de calorías resultaba fundamental para poder seguir.

Coincidentemente con la salida del sol, comenzó mi segunda preocupación. Pequeño dolor a la altura de la ingle derecha… 

¿Apendicitis ahora? 





Saqué los pensamientos negativos y mantuve el alerta sobre el dolor para ver si aumentaba durante los próximos kilómetros. Mientras iba por el llano o en bajadas, nada. Pero en las subidas, el dolor cada vez era más intenso. Detecté que el mismo estaba localizado justo en la parte superior del quádriceps. “Debe ser un pequeño desgarro”, me autodiagnostiqué. El primer diclofenac e ibuprofeno adentro. Esto calmó bastante el dolor por unas cuatro horas. Ya ameritaba una segunda dosis. Y por suerte ahí se mantuvo el dolor sin avanzar más.

A media mañana por fin dejó de llover. Y así continué mi carrera. Disfrutando las entradas a los pueblos, penando en los senderos embarrados luego de tanta lluvia, y dejando atrás ascensos y descensos brutales a las montañas de esta región francesa.


En un momento, dentro del primer tercio de la aventura, mi cabeza hizo un giro positivo a la terrible desilusión de haber hecho tantos sacrificios para participar en este evento y que luego se haya transformado en otro. Pensé, “¡qué buen entrenamiento que va a ser esto para el año que viene! ¡¡Ya tengo objetivo clase A para 2013!!”

Por supuesto esto habrá que verlo, pero hizo que desapareciera la pesadumbre con la que largué bajo la lluvia y comencé a darle sentido a la experiencia.

Mantuve siempre controlado el paso. En algunos tramos hubiese podido ir más rápido, pero cuidé el desgarro. La velocidad total estimada para la carrera larga era de 4,20 km/h. Aquí finalmente corrí a un promedio de 4,66 km/h. O sea, mejorando el plan original.


La llegada, sin palabras que puedan describirla fielmente. Todo Chamonix de nuevo recibiéndonos. Algunos entrábamos corriendo, otros caminando, y otros más casi arrastrándose con sus bastones. Mis viejos en la línea de llegada, no tuvo precio.

Y aquí estoy, en la noche del domingo, compartiendo estas líneas con ustedes, y mirando de frente, colgado en una silla, mi chaleco de UTMB FINISHER. Desde el primero al último que pasa la meta, sólo corremos por ese chaleco (o por todo lo que ello implica). Objetivo cumplido y ¡feliz!

Por último mis palabras de agradecimiento y amor por cada uno de los que de alguna forma u otra me ayudaron en este desafío. A Caro, Celi y Nico por el aguante, a mis viejos por haber podido darnos la oportunidad de compartir estos días juntos, lejos del país, a mis familiares, a mis amigos que siempre están, a los que estarán, a Hugo que ideó el plan de entrenamiento y me dio tips muy importantes a lo largo del año, a Lisandro y Gustavo que curaron mis lesiones a lo largo de los meses de preparación, a los corredores argentinos (impagable también el encuentro de la troupe argentina el miércoles antes de largar), a Sergio por compartir su experiencia del año pasado, a Bernardo por su generosidad al abrir su mochila electrónica y mostrarnos sus secretos (de los cuáles usé algunos), a los compañeros del laburo que corren, y a los que no corren también.
Gracias a vos que has leído estas líneas, ya que de alguna manera estamos conectados.
¡Gracias a TODOS!




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