sábado, 14 de mayo de 2011

Yerba Buena - Tafi del Valle 2011

Llegó el 7 de mayo, y con él la largada de esta carrera que conocí gracias a Sergio Moya. Una interesante carrera que da 3 puntos para el UTMB y sin barreras horarias que dificulten demasiado terminarla.











Aprovechamos el viaje con Caro, para despejarnos unos días y de paso, visitamos la Casita de Tucumán.


Charla técnica con Sandro, un día antes de comenzar el desafío!






Después de haber hecho 2 Cruces, mis dos "temores" grandes eran:

(i) Comprobar si el cuerpo soportaría 80 km non-stop y 4000 m de ascenso positivo.
(ii) No perderme.



Largamos a las 05:00 de la mañana en punto. 172 equipos de una o dos personas.
Aunque era plena noche, pintaba un día espectacular, cielo estrellado y ninguna nube. Finalmente fue lo que ocurrió. Me puse una remera técnica de mangas largas y por encima la pechera. Así corrí toda la carrera. Fue una buena decisión, ya que cuando no pegaba el sol, el aire estaba frío.

Le pedí a un corredor que me tomara una foto en la largada. Este corredor tucumano se llamaba Maxi, del equipo 85. Resultó que después nos encontramos de casualidad rumbo al PC1 corriendo a un mismo ritmo, y terminamos compartiendo muchos tramos de carrrera con su compañero, Pato.

 Me acordaba del tip más importante para resolver mi temor (ii): seguir a algún tucumano que conociera el recorrido. Me ayudaron mucho en los tramos que fuimos juntos. Pero aunque en los tramos rápidos yo los aventajaba, en las subidas, se me escapaban. Y esta carrera es casi todo subida!! 4000 metros de ascenso acumulado contra 2000 de descenso. Se sube el doble de lo que se baja!



Así fue que además del equipo 85, después de los primeros 15 km me encontré corriendo en varios tramos con otros dos tucumanos con experiencia: Jorge (con el cual hablamos de rugby) y Francisco.

Lo que viví con sensaciones más fuertes (porque tuvieron que ver con mis temores):

(i.i) El ascenso al PC1. Mi corazón latía a 171 ppm. Obviamente de seguir así, me quemaría antes del kilómetro 10. Y debía hacer 80 km!! Este ascenso me preocupó muchísimo.



(i.ii) Los cortes en el PC2 y PC3. El PC2 cerraba indefectiblemente 6 horas después de la largada. Quien llegara después quedaría afuera. La alegría de haber marcado el pasaporte a las 4 horas 10 minutos, indescriptible. Este hito me dio mucha confianza. Incluso para regular mejor la frecuencia cardíaca, la cual terminó en 135 de promedio.



El PC3 cerraba a las 12 horas. Llegúe a las 8 horas 20 minutos. Ya más agrandado, por supuesto.

(ii.i) Pasó lo que rogaba no sucediera. Luego de cruzar el río Grande unas 7 veces, me quedé solo.



En algún punto en vez de a la izquierda me fui a la derecha... Seguí corriendo. Miraba en el piso buscando huellas de corredores. Alguna pisada de zapatilla encontré, entonces seguí. Después de casi una hora de no alcanzar a nadie, y de que nadie me alcanzara, me preocupé mucho. Los fantasmas de haberme perdido empezaron a aparecer. Ya no era sólo el fracaso de no completar el recorrido por haberme extraviado, sino hasta la desesperanza de que el lunes no podría llegar a tiempo a trabajar!


Pero volver atrás era abandonar seguro. Así que seguí ya que la dirección en la que iba era la correcta. Fui a buscar el mapa y la carta de carrera, y no estaban. En el PC2 me solicitaron mostrar dos de los elementos obligatorios (el vivisac y la campera impermeable) y ahí quedó mi mapa! Me enojé mucho conmigo, pero seguí adelante.

Unos 20 minutos más y por la izquierda se abrió un claro en la vegetación. Miré bien y en la otra montaña, o sea NO en la que iba yo!, vi la línea de corredores haciendo el zig-zag de subida al Sifoncito. Por un lado me alegró, confirmé que iba en la dirección correcta. Pero por el otro, ambos cerros estaban separados por un valle/precipicio imposible de superar. Seguí mi rumbo, rogando que al final ambos filos se encontraran. Y eso fue lo que sucedió!! Esta fue la alegría más grande de la carrera! (sin contar la llegada).

Luego me dijeron que lo que había hecho es seguir por el camino largo (más de un kilómetro) respecto al otro. Pero con menos pendiente. Finalmente fue una equivocación con suerte. Mis piernas sufrieron menos. Pero mi cabeza, más!!



Sentirme otra vez en carrera, me infló de seguridad. La carrera siguió, siempre muy dura, pero la cabeza a plena energía. A veces me encontraba corriendo con los chicos del equipo 85, otras veces con Jorge y Francisco. El desvío, en tiempo no me significó mucho entonces.

Cuando llegué al Puesto de Paso Casa de Ayala, el equipo 85 ya estaba a punto de partir. Jorge y Francisco aún no habían llegado. Me tomé un mate cocido con pan casero que repuso casi todas mis energías.

En el momento que todavía tenía media taza de mate, los chicos partieron. Y casi al mismo instante llegan Jorge y Francisco. Deciden no parar. Y ahí nomás, tragué lo que quedaba de infusión, y me les pegué. Ya se venía la noche y bajo ningún punto de vista iba a permitirme perderme ahora, tan cerca del final.

Durante la marcha se nos juntaron otros 6 corredores, así que hicimos la bajada a Tafí en grupo de 9. La vista de Tafí de noche, imperdible!

Llegamos a las 22:00 hs.

Fueron 17 horas de una carrera terrible por la exigencia física, pero inolvidable por haberlo logrado!

Párrafo aparte y con mayúsculas mi RECONOCIMIENTO al Director de la carrera, Sandro del Río. Qué manera de ponerle garra a todos los detalles de la organización y seguridad de los que corrimos. Además de ser un tipo de una actitud bárbara y muy cordial. Felicitaciones para él también, además de a los 172 equipos que salieron, y aunque unos 30 no hayan logrado terminar, mi reconocimiento a ellos por haberlo intentado.


      Disfrutando empanaditas tucumanas y tintillo. Satisfacción de haber conseguido el objetivo














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