jueves, 7 de mayo de 2026

Champa Ultra 60K

El 2 de mayo se organiza esta carrera en el valle de Traslasierra, Córdoba. Buena preparación para el objetivo A de este año, que será correr 100 kilómetros en la Antártida.

Salimos con Caro unos días antes de la largada, rumbo a Nono, donde haremos base.

En una de las últimas salidas a correr tuve que disminuir el paso, ya que sentí un pinchazo en el gemelo derecho. Por suerte, al bajar el ritmo no molestaba más, así que hice las dos salidas anteriores a la carrera a un ritmo lento, de recuperación.

Llegó el día. Salgo a las tres de la mañana a San Javier en la camioneta. Llego unos minutos antes de las cuatro al Balneario Municipal, desde donde largaremos a las cinco.

Estaciono y me quedo esperando a que el reloj marque las cuatro y media. A esa hora en punto, comienza el locutor y se va generando el ambiente de carrera.

Tengo hecha una tablita con mi plan a ejecutar. La carrera tiene tres cortes, incluyendo el final en la meta. Así que mi objetivo es asegurar el paso por los cortes, yendo a un paso que sea disfrutable para mí.



Vamos a hacer cima en el Cerro Champaquí, el más alto de la provincia de Córdoba, así que allí hay otra motivación importante en esta carrera.

La acreditación, el día anterior, merece un párrafo aparte. ¡Espectacular! Una expo armada en el Balneario Municipal digna de la mejores carreras europeas. Hacía mucho que no vibraba con el ambiente del running, y acá sí ocurrió. 

El kit de la carrera, superlativo. Buzo con capucha, primera piel, remera técnica, buff, y remera post-carrera. Todo de alta calidad y diseño. También incluye geles en cantidad, y más cosas.

Largada hasta el puesto Ferreyra

El primer control horario está en el kilómetro 14,5. Dan tres horas y media para llegar. Con lo cual, la estrategia es hacer esta primera parte rápida para llegar bien al corte posterior.

En la tablita que construí en Excel, una de las entradas es la velocidad equivalente que quiero tener en la carrera. Entonces, a partir del desnivel, la tabla calcula la velocidad real a la que debo moverme.

En este primer tramo, la velocidad equivalente da 10,6 km/h, lo cual es una velocidad alta para mí si quiero disfrutar y no quemarme. Voy entonces a un ritmo fuerte, pero no tanto. La idea es compensar un poco en el segundo tramo, antes del corte.

Tardo una hora y media, en vez de una hora diez en llegar al puesto. Se puede correr bien, vamos por lugares amplios, aunque siempre subiendo.

Desde Ferreyra hasta el Corte 1

Tengo cargada la tablita en mi reloj. Usé la opción de PacePro que trae el fenix 7 incorporada. Está bien, aunque prefiero mi tablita analógica, ¡jaja! Si el track está bien armado, y los waypoints bien situados, va avisando con precisión el momento en que se cruzan, y además calcula la hora estimada de arribo a cada uno.

A los diez kilómetros debemos cruzar el primer río, el cual empapa las zapatillas completamente. No me preocupo, ya que mi sistema anti-ampollas funciona a la perfección.



Espero que llegue el puesto con el corte en el kilómetro 14,5. ¡Paso a las tres horas exactas! O sea, quince minutos mejor que el plan. ¡Excelente!

En realidad no me di cuenta en el momento que pasé el control. No era un puesto de avituallamiento, y ya por el kilómetro 16  recordé que aproximadamente en la distancia del corte había una persona de la organización que me dijo "¡Vamos, que venís muy bien!" ¡Ahí era el corte!

Del Corte 1 a Bifurcación

Paso en cuatro horas y veinticuatro minutos. Seis minutos mejor que el plan. El puesto aparece unos quinientos metros después de lo previsto, pero todo bien. Como media banana, unas papas fritas, recargo agua, bebida isotónica, y sigo.

Estoy en el punto más alto de la primera etapa. Todo en subida. Duro, pero disfruto mucho cada paso. El hecho de venir cumpliendo el plan, da mucha confianza, y permite el disfrute a pleno. Aquí arriba hace frío. Se me congelan las manos, pero nada crítico.

De Bifurcación al Corte 2

Comenzamos a bajar. Voy por una calle de ripio con la pendiente exacta para bajar rápido y sin ponerle presión a los cuádriceps. Abro y cierro las manos para que se normalicen del frío, lo cual ocurre a los veinte minutos. También al bajar, sube la temperatura.

Ahora sé que el corte no será un puesto, y efectivamente llego a una persona de la organización en el kilómetro previsto (en realidad unos quinientos metros más), a las cinco horas 10 minutos de carrera. Esto significa tener ¡50 minutos de margen!

Esto me da una tranquilidad absoluta, y el disfrute se potencia. Lástima que luego pasará algo que transformará esta felicidad en una pesadilla infernal...

Del Corte 2 al puesto González

Sigo disfrutando a pleno, descendiendo por estos paisajes maravillosos y a una temperatura ideal de unos 13 °C. El sol aparece de a ratos, lo suficiente para darme una oleada de calidez, pero sin precipitar la sudoración.

Llego al puesto a las 12:30, que en vez de estar en el kilómetro 33,5 está en el 34,5. O sea que pese al corrimiento de un kilómetro, voy en plan.

Tomo un caldo, como banana y turrón, y sigo. ¡Ahora viene la trepada al Champa!

Me abrigo con el minipolar que llevo en la mochila, anticipando que haría frío, y no quiero que se me congelen las manos otra vez.

De González a la cima del Champa

Debemos llegar a una altura de 2800 m, y vengo muy bien, así que sin prisa y sin pausa, encaro la subida. Me saco el polar y lo guardo. Siento calor. Es una subida dura, casi todo por piedra y en la última parte rocas enormes que a veces se hace necesario usar las manos para ascender.

¡Hermoso! En esta parte nos cruzamos con muchos turistas, ya que el camino de ascenso coincide con el de los "civiles" que van en busca del logro también. Todos muy respetuosos. Hay lugares donde el paso es para una sola persona, y quienes vienen bajando siempre nos dan el paso a los corredores. Y además, nos regalan palabras de aliento. Muy lindo todo esto.

Y siendo las tres menos cinco de la tarde (o sea, cinco minutos antes que el plan), ¡hago cumbre!

¡Qué felicidad!

Voy en remera de manga corta. No sopla el viento. Los turistas me miran y dicen "¡Abrigate, que te vas a enfermar!"

Lástima que hay bruma, y no se ve la vista para abajo. De todas maneras me tomo unos minutos para disfrutar el momento y filmar el paisaje, sellando el logro.

Desde la Cima hacia el puesto en el Filo

Decido comenzar el descenso. Bajamos unos cien metros de desnivel, y allí comienza un trayecto hasta el kilómetro 45,5.

Es todo por calle amplia, y puedo correr de a tramos. Se sube y baja, siempre manteniéndonos a unos 2600 metros de altitud. Siento frío en los brazos, pero sigo así ya que prefiero no parar a sacar el polar de la mochila.

El puesto aparece al kilómetro 47,5. Ya el desfasaje de los puestos es de dos kilómetros. Un corredor me pregunta cuánto me marca el Garmin, y vemos que el suyo también indica esa diferencia.

Van once horas y media de carrera, y pese a estos corrimientos de los puestos, sigo en plan. Sigo disfrutando a pleno. En este puesto nos dicen que había pizza, pero ya se la habían acabado los que pasaron antes. Tampoco hay isotónicos acá. Uno de los pocos puntos débiles de la organización.

Desde el Filo al puesto Ramón

En este sector ocurre lo impensado. El disfrute se transforma en agonía, y aunque el fantasma del DNF ya lo tengo bastante domado, comienza a revolotear en mi cerebro.

Comienza una bajada mortal. Terrible pendiente, embarrada, con mallines que transforman el pisar en un acto de fe. Ruego que el pie no se deslice en cada paso, ni que se tuerza, pero eso solo ocurre yendo a un paso de tortuga. Y tampoco es suficiente, ya que me caigo varias veces. Esto provoca golpes en varias partes, uno especialmente fuerte en el tobillo, además de lastimaduras en brazos y manos.

Aunque lo peor es el cumplimiento del plan, que hasta ahora venía perfecto. Este tramo pensaba hacerlo en una hora, y me lleva ¡dos horas y media!

Con este retraso, llegar a las 20:00 a la meta se transformó en el gran desafío a vencer.

El plan era terminar a las 18:30, y vengo con una hora y medio de atraso...

Y para peor de males, el puesto que originalmente estaba previsto en el kilómetro 52, y que con el desfasaje espero alcanzar en el 54, ¡tampoco aparece!

Pienso que la organización seguramente va a retrasar el corte en la llegada. Atrás mío viene fácil una veintena de corredores. Pero eso no me tranquiliza. Porque podría perfectamente no pasar. De todas maneras, sigo a un ritmo seguro. Lo peor que puedo hacer es forzar la máquina y romperla. Guardo energías para lo que espero sea un tramo rápido desde el último puesto hasta la llegada.

El puesto aparece en el kilómetro 55. No necesito recargar agua, así que hago una breve pausa para tomar una cápsula de sal, comer un gel, y sigo. Lo bueno es que me dicen que la meta está a ¡cinco kilómetros! ¿Será verdad? Lo tengo en cuenta, pero planeo esta última parte pensando que la meta estará en el kilómetro 62.

Van trece horas cuarenta minutos de carrera. Tengo una hora veinte para llegar. Si no aparecen sorpresas, debería lograrlo.

Desde Ramón a Meta

Comienza una bajada relativamente veloz por calle de tierra. Algunas piedras y un terreno no del todo liso, dificultan ir un poco más rápido. Lo bueno es que me siento bien, fuerte. Mi cuerpo aún puede correr, pese al esfuerzo de tantas horas. Eso me da mucha fuerza y motiva a mantener el intento de llegar antes de las ocho de la noche.

Pasan tres kilómetros, siempre por la misma calle. Se escucha al locutor en la llegada cada vez más cerca. Son las siete y veinte. "¡Ya está!", pienso. La calle va directo al pueblo, no puedo tardar cuarenta minutos en llegar. Pero... aparece alguien de la organización que me indica doblar y ¡meterme en un sendero que iba en ascenso! ¡Noooooo! Rara vez pregunto a los organizadores cuánto falta, pero en este caso la ansiedad pudo más. "Dos kilómetros para la meta", me responde. 

Sea como sea, con cuarenta minutos y dos kilómetros por recorrer, solo un desastre podría evitar que llegue después de las ocho. 

Así que con la linterna otra vez encendida, y luego de cuatro pasajes por el río que pasa por San Javier, agotado, lastimado, con mucho frío, pero feliz, llego a meta faltando veinte minutos para el cierre.



¡Qué aventura!

Será hasta la próxima, también por esta zona: Nono Ultra Trail en julio. ¡Allá vamos!

No te pierdas otros videos de aventuras como esta en: www.youtube.com/@tordo_xtrim y suscribite para continuar viendo material de carreras, ultras, bienestar, ¡y más!

No hay comentarios:

Publicar un comentario