viernes, 12 de febrero de 2010

Cruce de los Andes 2010

Los comienzos...

Empecé a correr en octubre de 1991. Después de unos meses de haber dejado de jugar al rugby en San Albano, donde practiqué ese magnífico deporte desde 1973. Primero en el Colegio, y luego en el Club.

Llevo anotadas todas y cada una de mis salidas a correr en una planilla de cálculo. Mi bitácora. Fechas, distancias, velocidades, circuitos y hasta zapatillas, han quedado y siguen quedando registradas allí...

Para encarar el Cruce, mi entrenamiento fue sencillamente sumar kilómetros. Durante los últimos 6 meses hice entre 150 y 200 km por mes. Sin pasadas ni cuestas.

Mayo 2009: volviendo de un viaje desde Caracas, por trabajo, en el avión pasan un corto sobre el “Desafío de los Volcanes”. Fue el disparador para decidir hacer el “Cruce de los Andes Columbia 2010”. Era un desafío que tenía en mente, pero que aún no me había decidido a afrontar.

Cruce de los Andes es una carrera de aventura. De gran popularidad dentro y fuera de Argentina. El objetivo de la carrera es cruzar los Andes, uniendo Argentina con Chile.

La distancia a recorrer es de alrededor de 100 km, divididos en 3 etapas. La Cordillera de los Andes ofrece muchísimos pasos por donde unir ambos países, por lo tanto el recorrido cambia todos los años, manteniendo siempre marcos geográficos únicos en el mundo. Es la novena edición. En esta ocasión, el recorrido es desde Lago Escondido hasta Paso el Manso.

1502 personas en 751 equipos. 20 países representados.

Mi primera carrera en montaña. La que marcaría el antes y el después de mi vida como corredor...

El asunto era conseguir compañero. El Cruce se hace en equipos de dos personas. No es posible correrlo individual. Candidatos: Steve y Carlitos. Steve está trabajando en Rusia, así que arreglamos participar con Carli. Nos inscribimos el 1º de junio bajo el nombre de equipo SAC82.

Fue difícil coordinar con Carlitos salir a correr juntos. Además no logró anotarse en carreras que eran importantes como preparación, como la Merrell de La Plata. Todo ello constituía un warning que anticipaba lo que finalmente ocurrió.

Cuatro semanas antes del comienzo de la competencia, acordamos salir a correr 20 km por Pilar. A los 5 km acusó un tirón en el muslo y tuvo que caminar. Nos volvimos.

La siguiente semana, yo fui a su casa. Salimos con el objetivo de cubrir 20 km. A los 9 km, Carli no daba más, y empezó a caminar. Le dije que así era imposible enfrentar el Cruce, y pese a insistir en que “se tenía fe”, terminó bajándose.

Quedaban 3 semanas y yo sin compañero. Intenté con Manu, Marie, Steve, sin suerte. Publiqué el pedido en varios foros de running. Un domingo, dos semanas antes del comienzo de la carrera, llamó Claudio. No había podido anotarse antes y cuando decidió hacerlo, las inscripciones ya estaban cerradas. Coordinamos y… otra vez en carrera!

Nos vimos con Claudio el lunes 01/FEB. Alineamos objetivos (esto es crítico):
(i) Disfrutar la carrera
(ii) No pensar en el tiempo
(iii) Ser Finisher
(iv) No caminar en el llano o bajadas
(v) Si uno de los dos se lesiona, el otro sigue

Miércoles 03/FEB: salimos con Claudio en vuelo que partió a las 13:45 desde Aeroparque a Bariloche. Este vuelo está bueno porque te permite llegar a hacer las acreditaciones, retiro del chip, etc., ese mismo día.

Finalmente nos alojamos en el Mountain Club, en la base del Cerro Catedral, a la vuelta de Plaza Robles, y al lado de Moon… Estar en la base del Cerro es muy conveniente.
Había hospedados varios corredores del grupo de Marcelo Lynck. Claudio los conocía, ya que él entrena con ese grupo. El Mountain Club incluye desayuno y cena.

Durante la acreditación me encontré con varios conocidos: Marcelo Muruaga (Telecom) y su compañero también de Teco, Georgina Hood, Diego Salvioli y Leo Vilalta.

Todo ok. Sólo resta llenar el contenedor, lo cual haremos mañana.


Jueves 04/FEB: Desayunamos con el grupo y nos fuimos a llenar y despachar el container. En un solo container no entra todo. Despachamos también una valija (tip!) Debe ser impermeable y dura.
Llevamos 2 carpas. Esto va según gustos. Personalmente prefiero tener mi espacio y cierta privacidad, si es posible...
Una buena bolsa de dormir y colchón térmico inflable que me prestó Steve. Fundamental.
Voy a correr con zapatillas Nike Vomero. Son zapas de calle. Priorizo lo conocido, en vez de usar calzado de trail que no he probado aún. Tengo unas Salomon XT Wings GTX que he probado en entrenamientos, y si se mojan, el agua no sale. Ampollas seguro. Las Vomero tienen 685 km antes de encarar el Cruce. Un guante! y finalmente tuvieron muy buen agarre en la montaña.

Fuimos a almorzar pastas y ahí conozco a Sergio Moya, Claudio Rosso y a sus familias.
Todo listo para el gran desafío!

Viernes 05/FEB: Llegó el gran día! Nos llevaron en ómnibus a la largada, a unos 90 km de Bariloche, camino a El Bolsón. Largamos a voluntad.
Yo quería largar 15’ después de la elite, pero nos demoramos demasiado.
Conviene largar justo después de la elite. Esto evita quedar atrás en las colas que se producen en algunos cuellos de botella.


Largamos 750 equipos. 20 países representados. Nos esperan unos 33 km con 800 m de DVA. La llegada es a orillas del Lago Escondido, provincia de Río Negro. Un lugar de ensueño.

Los lugares maravillosos. Antes de llegar al campamento, el cruce del lago se hace con lanchas proporcionadas por la organización. Venimos muy bien con Claudio.




El primer día finalmente fueron 32,7 km y +810 metros de desnivel vertical acumulado.

Los lugares que atravesamos, increíbles. El acceso al Lago Escondido es sólo posible por lugares difíciles y no muy conocidos. Tuvimos la fortuna de descubrir este lugar maravilloso de nuestro país.

                

Pero durante el transcurso de la carrera hubo algunos indicios de que a nivel organizativo, existían ciertas falencias.

Tuvimos que atravesar una pasarela, la cual sólo era posible hacerlo de a dos en fondo. Esto creó una fila de corredores inaceptable. Tuvimos que hacer 40 minutos de cola para poder pasar! Esto debió haberse previsto mejor, es muy sencillo el cálculo y darse cuenta que el cuello de botella sería importante. Los corredores que venían más atrás tuvieron que hacer hasta 90 minutos de fila.

Aquí en la parada forzada por la cola en la pasarela


Antes de llegar al campamento, era necesario cruzar el lago en botes. Nosotros pasamos bien, pero más atrás ya se formaron colas importantes de hasta 40 minutos. Y para el grupo de quienes venían más atrás, se suspendió el servicio (decían que se habían quedado sin combustible!) y por lo tanto, debían desandar lo corrido y bordear el lago para llegar al final de la etapa, recorriendo bastantes más kilómetros que los que cruzamos en bote.
Estos inconvenientes provocaron bastante fastidio en muchos de los corredores.
Nosotros realmente disfrutamos esta primera etapa.

Terminamos en 6 horas 2 minutos y 29 segundos, en el jardín de la casa de Joe Lewis a orillas del Lago Escondido.
Espectacular la organización en este punto, que nos esperaba con un gigantesco asado para reponer energías.



A la noche, pastas y un vasito de vino tinto que gentilmente compartieron Sergio y Claudio con nosotros. Sergio ya ha hecho el Cruce y tiene más experiencia, por eso la botellita de tintillo.


















Agua a 5°C para reponer las piernas. Factor crítico de éxito!

Durante la noche llovió copiosamente. ¿Se puede pedir más? Un placer la experiencia hasta ahora.
Tanta lluvia hizo que las partes de tierra del segundo día se transformaran en barriales. Punto importante de este tramo fue la subida casi inmediatamente luego de la largada. Dantesca la foto de los corredores que intentaban subir por el barrial, cayendo y muchas veces deslizándose hacia abajo llevándose a otros que intentaban trepar.
Hubo algunos lesionados en este segmento.

Seguimos muy bien con Claudio. Buen ritmo, parejo y entusiasmados.

                         

Ya casi al final, el entusiasmo de Claudio lo llevó a acelerar en una bajada, gritaba mientras corría. Lamentablemente aquí sufrió un esguince muy importante en su tobillo. Al estar en caliente, pudo seguir sin que nos impactara demasiado para llegar.

Luego de 5 horas 43 minutos y 20 segundos para recorrer los 26,15 km, llegamos.

Empapados y embarrados, lo único que deseábamos era cambiar las ropas por otras secas, meternos en la carpa y descansar. Pero...

Increíble error de la organización. Uno de los puentes por donde debían pasar los camiones que transportaban los contenedores con nuestras pertenecias, se rompió por las lluvias. Sólo un camión logró pasar. Conclusión, la mayoría no teníamos nuestros bolsos.

Nadie nos decía nada. Cero información. Seguía lloviendo y teníamos frío. Luego de alrededor de una hora, nos enviaron a un segundo campamento. El acceso de los camiones allí era posible. Estaba a unos 5 km.

Ni bien nos informaron, comenzamos la caminata con Claudio. Muchos corredores estaban enojadísimos por este problema, y se quedaron discutiendo y protestando. Gastando energía.
La organización manejó muy mal la anticipación del problema y la comunicación con los corredores. Pero una vez en el medio del mismo, sólo restaba continuar, llegar al campamento B, comer y descansar.

Durante la caminata, el tobillo de Claudio mostró que no estaba para nada bien.

Llegamos finalmente, encontramos nuestras cosas y comenzamos a armar las carpas bajo la lluvia.

El ambiente general no puede ser peor. Una gran cantidad de corredores siguen muy violentos y la organización que no aporta las respuestas adecuadas, ni un correcto manejo de la situación, empeora todo el problema. Luego ocurriría que un gran número de equipos abandonaría hoy.

Nosotros mantuvimos el foco bien puesto en la carrera e intentando siempre despegarnos de los problemas organizativos.

A eso de las 22:00 horas, mientras me encontraba descansando en la carpa y a punto de dormirme, aparece Claudio y sucede lo más fuerte de esta experiencia en relación al equipo.

Me dice que el tobillo está muy mal, y que no podría correr el tercer día. Pero como su objetivo era terminar, se había prometido hacerlo a cualquier costo. Y que por lo tanto, caminaría todo el recorrido hasta la llegada.

Le respondí que lo sentía mucho, y también fui muy claro en que mi objetivo personal era terminar la carrera corriendo, y que necesitaba cumplirlo. Que antes de salir habíamos acordado que si uno de los dos se lesionaba, el otro debía seguir.

"Pero si llegamos separados en la última etapa, vamos a quedar desclasificados, y no apareceremos en el listado oficial de finishers.", me dijo.

Así era, y así debía ser. Fue muy duro este momento.

Se retiró de la carpa y me quedé dormido y preocupado...

A la mañana siguiente, me levanto a desayunar y lo veo a Claudio con el tobillo vendado. ¿Cómo estás?, le pregunto.

Se había levantado hacía más de una hora y estuvo en la enfermería donde le hicieron un importante tratamiento, y que luego él continuó con analgésicos e infiltración.

Me dijo: "Corremos los dos, hoy".


Con lágrimas en los ojos, comencé la última etapa. Increíble lo que hizo Claudio para recuperar la lesión y continuar juntos. Hasta el kilómetro 17 lo logró muy bien. Luego los dolores se hicieron más agudos y disminuimos el ritmo para asegurar la llegada y que la lesión no se agravase aún más.. 



A las 5 horas, 24 minutos y 46 segundos, luego de haber recorrido los últimos 34 km, LLEGAMOS!

Una felicidad indescriptible, y un reconocimiento a lo hecho por mi compañero en esta aventura. Pese a todos los inconvenientes que tuvimos, y su lesión, logramos atravesar la meta. Llegamos 275 de 599 equipos. Hubo 302 abandonos.














Esta experiencia marcaría mi adicción futura a las carreras de montañas, trail y aventura. Fue la semilla que terminó germinando, y que, con el pasar de los años, me transformaría en un ultra runner. Pero eso vendrá más adelante...

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